Museo del Grabado
Goya y el Grabado
Goya habría pasado a formar parte de la Historia del Arte, y en un lugar destacado, simplemente con su
obra gráfica, es decir, con sus grabados. En éstos, al igual que en las pinturas que realiza para sí mismo, por
propia voluntad (que no son de encargo y donde no está limitada su creatividad), el pintor de Fuendetodos
va a dar lo mejor de sí mismo, con el máximo de libertad, lo que le lleva una vez más a diferenciarse por
completo del resto de los grabadores de su época, la mayoría de ellos simples artesanos que utilizaban esta
técnica como posibilidad de reproducir una imagen –generalmente de encargo– determinado número de
veces, obedeciendo en la mayoría de los casos a criterios y exigencias del mercado más que a postulados
artísticos.
Goya, en cambio, para quien el grabado comenzó siendo una simple distracción de convaleciente
y un método para aprender de su maestro (Velázquez), pronto se dio cuenta de las posibilidades creativas del grabado, de tal modo que pasó a convertirse con el tiempo en el vehículo idóneo en el que dio rienda
suelta a su mundo más personal y subjetivo, sin cortapisas técnicas ni de contenido.
El conjunto de su obra impresa puede ser considerado como parte del “diario íntimo” que el pintor de
Fuendetodos legó a la posteridad, en el que nos demuestra la soltura y la singularidad con la que se
atreve a tratar determinados temas (algunos de ellos sumamente polémicos), así como la libertad y maestría
con la que es capaz de combinar las técnicas del aguafuerte, la punta seca, el buril o la aguatinta (hecho inusual en su momento).
Las salas del Museo
Ubicado en el número 3 de la calle Zuloaga, a pocos metros de la Casa Natal de Goya, se halla el Museo del Grabado, inaugurado en el mes de abril de 1989.
La creación de este Museo fue posible gracias a la generosidad de pintores que con la donación y la subasta de sus obras permitieron la adquisición de dos colecciones de grabados.. Posteriormente la Diputación Provincial de Zaragoza y el Ayuntamiento de Fuendetodos financiaron la restauración del edificio y su transformación en el Museo actual, en el que se pueden contemplar hoy en día las cuatro series de grabados (Caprichos, Desastres, Tauromaquia y Disparates).
El Edificio
Para la construcción del Museo del Grabado se recuperó una casa típica del somontano aragonés, que se
desarrollaba en tres plantas: la baja con el zaguán, la cocina, dependencias agrícolas y, al fondo, un patio de reducidas dimensiones donde se sitúa el pozo; la planta primera, con cuatro dependencias y, por último, la segunda planta, ocupada por la falsa o cubierta (granero).
La reutilización de esta casa como Museo se realizó con la idea global de regular al máximo su configuración original, así como su estructura y tipología. Se mantuvieron las escaleras del edificio reconstruidas, y para la obtención de espacios más amplios se eliminaron las pocas tabiquerías existentes. Igualmente, por razones de funcionalidad, se sustituyeron los pavimentos de yesos por tobas cerámicas, y se han lucido y pintado las paredes.
Los Caprichos
(Segunda planta)
Fecha: 1797-1799
Colección de estampas: 80
Primera edición: 1799
Última edición completa: 1937
Ubicación actual de las planchas: Calcografía Nacional
Técnica: Aguafuerte, aguatinta, buril, punta seca...
Temática: Goya realizó en esta serie una crítica de los vicios y (malas) costumbres de la época, abordando una amplia
temática, sin ningún orden explícito. En la sala del Museo se ha realizado una selección de estos temas que de
manera reiterada aparecen a lo largo de toda la serie: la mala educación (4), (3), (25), los matrimonios por conveniencia
(14), (75), (2); la prostitución (2), (22), (16); las celestinas (5), (15), (19), (28); la brujería (60), (67), (68), (44) ,(71);
la Inquisición (23), (24); duendes y frailes (13), (79), (53), (74), (80). Asimismo, sirviéndose —como hacían los fabulistas
del momento— de la personificación de animales e inspirándose en otras ocasiones en refranes y dichos populares,
el pintor de Fuendetodos va a dedicar varias estampas, conocidas como las Asnerías, a la crítica de la injusticia
social (42), (63), la nobleza (38), (39), (41), o el mal ejercicio de algunas profesiones (37), (40) . Su crítica fue
tan mordaz que sólo tuvo unos días la serie a la venta por miedo a posibles represalias. Sin embargo, gracias a estas
láminas fue reconocido como un gran grabador y artista en Francia.
“Goya no sólo realiza el procedimiento a la máxima altura artística sirviéndose de él para evidenciar una visión
del mundo y de los hombres, haciendo de sus grabados un instrumento de penetración en la intimidad del hombre
con su juicio implacable de la sociedad y su denuncia de los prejuicios, supersticiones, errores o injusticias, en imágenes
que valen como expresión de ideas o pasiones. Eso es lo que constituye la grandeza histórica de Los Caprichos, o
lo que hace de esta colección de aguafuerte una creacción genial en la historia del grabado”.
Enrique Lafuente Ferrari
Los Desastres de la Guerra
(Primera planta)
Fecha: 1810-1815
Colección de estampas: 82
Primera edición: 1810
Séptima y última edición: 1937
Ubicación actual de las planchas: Calcografía Nacional
Técnica: Aguafuerte, aguatinta, buril, punta seca...
Temática: En esta serie Goya aborda desde una perspectiva completamente innovadora, el tema de la Guerra, eligiendo
escenas que conforman la “intrahistoria” de la misma. En las 82 láminas, y por primera vez, son hombres y
mujeres anónimos los auténticos protagonistas, los que sufren y padecen los horrores (20), (16), (24), (40), las barbaridades (15), (36), (37), (39) de la espiral de violencia — vivida de manera especial por niños y mujeres (4), (7), (9),
(11)— que se desató en nuestro país entre ambos bandos (2), (3), (28), (29). El artista aragonés, testigo de excepción, nos
pone delante de escenas vivaces, directas, brutales, como instantáneas fotográficas que él presenció (2), (3), (28), (29),
en medio de paisajes desolados, de saqueos, muertos, heridos... sufrimiento, en suma. Son imágenes concretas, sin ningún tipo de magnificación, como parpadeos detenidos en su retina, con todo su poder de condensación y de síntesis. De las láminas 48 a 64, nos introduce de manera reiterativa en torno a un solo tema: el hambre que trajo consigo los asedios sufridos en ciudades como Madrid o Zaragoza, y que él sabe impregnar de una dura critica social.
Acabada la guerra, las expectativas liberales del de Fuendetodos se vieron frustradas con la política absolutista
de Fernando VII, y así lo dejó plasmado en la última parte de la serie en lo que se han venido llamando: Caprichos
enfáticos (69 a 82).
“En pocas ocasiones se ha llegado a plasmar con tan escalofriante dramatismo los horrores de la guerra, sus nefastas
consecuencias y lo que es aún peor, la muerte de la esperanza ¡en época de paz! Habría que esperar a los actuales
documentos cinematográficos para conseguir efectos parecidos a los logrados por la serie de Goya”
Juan Carrete
La Tauromaquia
(Primera Planta)
Fecha: 1815
Colección de estampas: 40
Primera edición: 1816
Séptima y última edición: 1984
Ubicación actual de las planchas:
Calcografía Nacional
Técnica: Aguafuerte, aguatinta, buril, punta seca.
Temática: En esta serie Goya nos presenta uno de sus temas favoritos y una de las diversiones más concurridas y controvertidas de su época: los toros. Las escenas reflejan los orígenes y parte de la historia de la Tauromaquia, láminas 1 a 13, y a partir de ahí las suertes más comunes de la lidia de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX: los palenques
(17), las banderillas de fuego (31), los “perros al toro” (C), etc... —todas ellas con grandes dosis de espectáculo circense
y de sangría, que poco o nada tienen que ver con el toreo actual—; diversos sucesos reales acaecidos en el momento,
así, por ejemplo, la muerte del alcalde de Torrejón en el tendido de la plaza de Madrid o a los toreros más famosos
del momento, como Pedro Romero (30), Martincho (18), Juanito Apiñani (20), el estudiante de Falces (14), la
célebre Pajuelera en la de Zaragoza (22) o la trágica muerte de uno de los diestros más populares: Pepe Illo (E).
“Lo primero que sorprende la tauromaquia goyesca es su extensión comparada con otras series contemporáneas
de estampas del mismo tema. Rara es la colección que excede de 20 imágenes de las corridas y, según carderera,
Goya preparó 50 dibujos para una serie de las cuales llegó a grabar 45 que sepamos, aunque luego la
primera edición cuente sólo con 33 estampas. Ello nos indica, sin duda, que el pintor se sintió a gusto trabajando
en ello y no la debió de realizar por compromiso. Esto lo corrobora también el hecho de que eligiese para grabarlas
unas planchas de cobre de mayor tamañao que las de Los caprichos y Los Desastres. Con relación a otras series
taurinas, llama la atención que Goya prefiera dejar constancia de hazañas singulares de lidiadores más que
recoger suertes ejecutadas con perfección “según las reglas”. Parece como si el artista quisiera retratar la arriesgada
personalidad de hombres esforzados singulares, aunque éstos ni tan siquiera en la historia del arte del toreo
hayan sido figuras de extraordinario relieve”.
Alvaro Martínez Novillo
Los Disparates
(Primera planta)
Fecha: 1816-1824
Colección de estampas: 22
Primera edición: 1864
Séptima y última edición: 1972
Ubicación actual de las planchas: Calcografía Nacional
Técnica: Aguafuerte, aguatinta, buril, punta seca.
Temática: De las cuatro series de grabados de Goya, las 22 estampas que componen Los Disparates (serie inconclusa)
son las más enigmáticas y difíciles de interpretar. A ello ha venido a sumarse el desconocimiento que se tiene del posible orden que el propio autor pudo dar a las estampas y el hecho de que sólo se conserven trece
pruebas de estado con el título manuscrito, común en todas: Disparates (aunque en la primera edición aparecieran
bajo el título de Los Proverbios, interpretando que todas las imágenes tenían alguna vinculación con algún
proverbio o refrán, interpretación puesta en duda hoy en día). Según los historiadores, es la obra gráfica más cuidada
y delicadamente trabajada por Goya. Son imágenes apenas comprensibles, dramáticas, sombrías y grotescas en las
que el mundo personal, onírico y obsesivo del autor aflora de manera misteriosa y magistral en cada estampa con un
perfecto dominio de la técnica y donde la fantasía visual alcanza cotas del más subjetivo y auténtico surrealismo.
Aún aprendo
Goya fue un hombre de su tiempo, genuino representante de una sociedad, la española del siglo XVIII y principios
del XIX, de grandes contrastes. Vivió plenamente el Siglo de las Luces y participó del espíritu de la Ilustración; pero,
al mismo tiempo, fue testigo de las sombras de una España cautiva de la superstición y que se rebeló contra la libertad.
El claroscuro de esa sociedad necesitaba tal vez de los rotundos contrastes, del blanco y el negro con que Goya
resolvió en los grabados una visión ética y artística de su tiempo, lanzando el nítido mensaje intelectual que aún
hoy perdura.
Como ha señalado Pierre Gassier, los grabados de Goya reflejan todos los aspectos de aquel hombre excepcional:
vigor, humor negro, sátira mordaz, sus sueños, sus obsesiones y su vitalidad. Son declaraciones públicas sobre los
asuntos que más hondamente le afectan, y quedarán por siempre como uno de los aspectos más conmovedores y
apasionantes de su legado.